
Un desafío en medio de la catástrofe
La líder opositora galardonada con el Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, vive exiliada y ha convertido su retorno a Venezuela en un objetivo principal. En la última semana, tras los devastadores terremotos que dejaron al menos 1.900 muertos y daños generalizados, Machado lanzó un enérgico llamado al gobierno de Estados Unidos y al pueblo venezolano para participar en la recuperación. Sin embargo, sus peticiones han sido rechazadas por la administración de Donald Trump, que considera su presencia una distracción en plena crisis humanitaria.
Seis fuentes con conocimiento directo de las conversaciones señalan que el distanciamiento —que llevaba meses gestándose— se ha convertido ahora en ruptura abierta con una de las políticas de mayor apoyo en Washington. Incluso el gesto de Machado de ofrecerle a Trump su medalla del Nobel, contra la opinión del propio comité del premio, no logró revertir la postura de la Casa Blanca.
De aliada a “distracción”
Hasta no hace mucho, Machado fue una protegida de la clase dirigente republicana. Lideró la oposición cuyo candidato, según observadores independientes, ganó las elecciones presidenciales de 2024 a pesar de la manipulación y supresión de votantes por parte del régimen de Nicolás Maduro. Tras la caída de Maduro, arrestado por fuerzas estadounidenses en enero, Trump describió la transición en Venezuela como su mayor logro de política exterior.
No obstante, la relación con Machado se fue resquebrajando. Funcionarios de la Casa Blanca, incluido el Secretario de Estado Marco Rubio, le recomendaron posponer su regreso tras los fuertes sismos de 7.2 y 7.5 registrados, argumentando riesgos a su integridad. Cuando Machado insistió, el gobierno estadounidense le comunicó que debía arreglárselas sola y que ya no contaba con su respaldo.

Trámites, pasaporte y represalias
Al igual que millones de venezolanos en el exilio, Machado carece de un pasaporte venezolano válido, consecuencia de las políticas de discriminación contra opositores que el chavismo ha aplicado durante años. Para ingresar, necesita que la comunidad internacional presione al gobierno interino de Delcy Rodríguez —reconocido por Washington como autoridad legítima— para garantizarle un salvoconducto.
“Quiero volver a Venezuela para acompañarnos”, afirmó Machado en un video desde Ciudad de Panamá. “El régimen quiere bloquear mi regreso y el de miles de compatriotas que queremos ir a ayudar”. Pero el Departamento de Estado ha dejado claro internamente que no puede asegurar su integridad y teme que cualquier movimiento de la opositora complique aún más la ya delicada misión de auxilio.
La estrategia de Delcy Rodríguez y el régimen interino

Tras los terremotos, el gobierno interino de Rodríguez ha reforzado sus lazos con la Casa Blanca, que le ha proveído apoyo en las tareas de rescate y reconstrucción. Funcionarios estadounidenses —entre ellos el Encargado de Negocios John Barrett— destacan la eficacia de la respuesta interina ante la catástrofe y subrayan su cooperación con todos los pedidos de asistencia.
Dentro del círculo de poder venezolano existen debates sobre cómo manejar la hipotética llegada de Machado. Algunos abogan por rechazarla públicamente, para evitar desestabilizar la imagen de un partido gobernante que busca mostrarse inclusivo. Otros temen que su regreso exacerbe el descontento ciudadano, ya palpable tras la lenta y criticada gestión de la emergencia.
Debate en Washington y repercusiones políticas
En la capital estadounidense, la postura hacia Machado está dividida. Chris Landau, subsecretario de Estado, y varios legisladores republicanos siguen brindándole su respaldo. Sin embargo, altos cargos de la Casa Blanca consideran que su presencia podría tensar aún más la situación y poner en peligro los acuerdos con Rodríguez.
Ese choque de visiones alcanzó su punto de ebullición tras los dos terremotos del miércoles pasado. Machado intensificó sus gestiones, dirigiéndose por escrito al Departamento de Estado y al Congreso para que intercedieran en favor de su regreso. La respuesta fue tibia, e incluso algunos funcionarios se indignaron por lo que perciben como un intento de “aprovechar la tragedia con fines políticos”.
Un futuro incierto y muchos intereses en juego

El enfrentamiento entre la Casa Blanca y Machado ejemplifica cómo la administración Trump redefine las alianzas internacionales abandonando aliados históricos y reforzando nexos con actores que antes eran adversarios. Mientras EE. UU. busca consolidar la estabilidad en Venezuela y atraer inversiones para futuras elecciones libres, Machado presiona por una transición política inmediata, afirmando que su mandato emana del voto de 2024.
Su retorno podría reavivar el debate sobre el rumbo del país y la legitimidad del gobierno interino. A su vez, la administración de Trump debe sopesar si mantener el actual equilibrio con Rodríguez, o atender a las voces de quienes consideran a Machado la líder con mayor respaldo popular. Por ahora, el bloqueo estadounidense mantiene a la opositora fuera de Venezuela, en un exilio que, pese al Nobel y a la urgencia humanitaria, podría prolongarse indefinidamente.
Analistas han señalado que la verdadera razón por la que Washington teme que María Corina Machado retorne a Venezuela es por la agitación que puede provocar en un momento en que el interinato está más débil, tanto dentro del chavismo como en el resto del país. Además, los últimos estudios de opinión independientes ubican la popularidad de la presidenta Delcy Rodríguez en niveles muy bajos.
La administración Trump ha priorizado los negocios en Venezuela antes que el retorno de la democracia, de allí que el proceso de tres fases (estabilización, recuperación y transición) parece estar estancado en la primera etapa. Diversas publicaciones e incluso aliados del gobierno de Donald Trump han revelado que el presidente estadounidense está más interesado en el petróleo, el oro y demás minerales del países caribeño y suramericano.
Paralelamente a la firma de jugosos contratos entre el gobierno venezolano y empresas petroleras estadounidenses y de otros países, actualmente el régimen adelanta un proceso de reestructuración de su deuda externa que inicialmente se calculaba en 150 mil millones de dólares y en apenas pocas semanas ya ha saltado a 250 mil millones.
Para algunos analistas, los retrasos al proceso de estabilización, recuperación y transición hacia la democracia se deben a los intereses de las compañías petroleras y mineras y de los tenedores de bonos de la deuda de Venezuela.
Con información del New York Times





















