
- Un análisis profundo para la diáspora venezolana dispersa alrededor del mundo. Separando la realidad de la narrativa oficial, este artículo analiza qué dicen realmente los números sobre la recuperación económica venezolana y las posibilidades reales de retorno..
Si usted vive fuera de Venezuela, probablemente recibe señales contradictorias sobre la situación del país. Unos le dicen que hay más movimiento económico, más tiendas abiertas, más dólares circulando en las calles. Otros insisten en que la situación sigue siendo igual o peor. ¿Quién tiene la razón? La respuesta es más compleja de lo que parece y requiere separar la propaganda oficial de los datos reales.
Para los casi 9 millones de venezolanos dispersos por el mundo, esta pregunta no es académica. Tiene implicaciones reales y concretas: ¿vale la pena regresar? ¿Debo invertir mis ahorros en Venezuela? ¿Debo aumentar o disminuir las remesas que envío a mi familia? Este análisis profundo busca proporcionar las respuestas basadas en datos, no en deseos.
El punto de partida importa: de dónde viene Venezuela
Para entender si hay recuperación, primero debemos establecer desde dónde partimos. Este contexto es fundamental.
Venezuela experimentó entre 2013 y 2021 una de las contracciones económicas más severas de la historia moderna de América Latina. El Fondo Monetario Internacional estimó que la economía venezolana se contrajo más del 70 por ciento durante ese período. Para dimensionarlo: eso significa perder casi tres cuartas partes de toda la riqueza que produce un país.
No existe precedente similar en América Latina fuera de un país en guerra o que haya padecido un desastre natural masivo. Ese es el piso desde el cual se mide cualquier «recuperación» actual.
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Las señales positivas que sí existen
Desde 2022 hasta hoy, el gobierno ha señalado una recuperación económica. Hay que reconocer que algunas señales parecen auténticas.
Primera señal: reactivación comercial
En varias ciudades venezolanas, especialmente en Caracas y algunas capitales de estado, se observó una mayor actividad comercial. Abrieron restaurantes, tiendas de ropa, negocios de electrodomésticos y servicios diversos. Hubo notoriamente más movimiento económico-comercial que entre 2018 y 2020. Esto es un hecho observable en las calles.
Segunda señal: dolarización de facto
La economía venezolana opera hoy mayoritariamente en dólares estadounidenses. Después de años de intentos fallidos por perseguir a quienes comercializaban en moneda extranjera, se aceptó finalmente la libre circulación del dólar. Esto estabilizó parcialmente las transacciones diarias y redujo el efecto inmediato de la hiperinflación.
Adicionalmente, el banco central mantiene un encaje legal del 75%, lo que significa que por cada 100 bolívares que deposita un cliente, el banco solo puede utilizar 25 para préstamos y servicios. Esta restricción de liquidez reduce la cantidad de dinero en circulación, lo que a su vez reduce la inflación inmediata.
Tercera señal: las remesas
Venezuela recibe anualmente entre 3.500 y 4.500 millones de dólares en remesas según estimaciones de fuentes académicas y financieras. Este dinero, enviado por los venezolanos en el exterior, circula en la economía informal y sostiene a millones de familias. Se calcula que 1 de cada 3 venezolanos depende de estas remesas para cubrir gastos de comida, salud y servicios básicos.
Las tres preguntas clave que pueden revelar la verdad
Pero aquí es donde debemos ir más lentamente. Cuando alguien afirma que una economía está mejorando, hay que hacerse tres preguntas fundamentales.
Pregunta 1: ¿Estamos mejorando respecto a qué?
Si el punto de comparación es 2019 o 2020, cuando Venezuela estaba en su nivel más bajo, casi cualquier cosa parece una mejora. Pero compararse con el piso de un abismo no es criterio válido.
Si el punto de comparación es la Venezuela de hace 15 o 20 años, cuando había empleo generalizado, la gente comía bien, podía vestirse dignamente y viajar al exterior era normal, la realidad es completamente diferente. En ese período, el país recibió ingresos petroleros históricos: más de 2 trillones de dólares. Dinero suficiente para transformar completamente la infraestructura y el desarrollo del país, como hicieron países como Noruega, Qatar o Kuwait con sus recursos naturales.
En lugar de eso, ese patrimonio fue dilapidado en corrupción, desvíos y «regalos» internacionales durante 25 años de administración chavista.
Hoy, Venezuela produce aproximadamente 1,1 millones de barriles diarios, según cifras de abril. En 2008, antes del colapso, el país producía 2,6 millones. Esa caída del 57% en producción petrolera sigue siendo la columna vertebral del problema. Los ingresos por petróleo siguen siendo insuficientes para financiar una recuperación estructural real.
Pregunta 2: ¿La economía está mejorando para quién?
Esta es quizás la pregunta más importante y la menos discutida en los análisis oficiales.
Existe una brecha abismal en Venezuela: la «Venezuela dolarizada» de las grandes ciudades, versus la «Venezuela en bolívares» del resto del país. En sectores de Caracas, puede pagar con tarjeta de crédito extranjera, comprar productos importados y comer en restaurantes que cobran en dólares. Hay una economía funcionando.
Pero esa economía funciona solo para una minoría privilegiada: quienes reciben remesas del exterior, quienes tienen acceso a dólares por su trabajo, o quienes forman parte de las redes de poder que acceden a divisas. Representa apenas el 1% de la población, mientras 29 millones restantes no pueden darse esos lujos ni remotamente.
El venezolano promedio que gana su salario en bolívares —el maestro, el médico de hospital público, el funcionario, el profesional— sigue siendo pobre en términos reales, independientemente de lo que digan los titulares propagandísticos.
Consideremos un ejemplo concreto: si el salario mínimo oficial equivale a apenas unos pocos dólares mensuales, y el ingreso integral llega a 240 dólares, hacer mercado en Venezuela puede ser tan caro o más que en cualquier país europeo. Mientras la economía crece en números nominales, la desigualdad aumenta. Es lo que se conoce como «crecimiento sin distribución».
Pregunta 3: ¿Es sostenible el modelo?
Esta es la pregunta crucial, y la respuesta honesta es: existen señales de alerta importantes que cuestionan la sostenibilidad de este crecimiento.
Dependencia de remesas: Una economía estructuralmente dependiente de que su población emigrada le envíe dinero es una economía con un problema fundamental. Necesita que su gente siga fuera del país para funcionar. Eso no es un modelo de desarrollo; es un modelo de supervivencia. Si regresaran los 9 millones de venezolanos en el exterior, ¿quién mantendría el flujo de remesas?
Infraestructura deteriorada: El sistema eléctrico, el sistema de agua potable, las carreteras y los hospitales públicos no se han recuperado de forma estructural. Las inversiones requeridas alcanzan al menos 30.000 millones de dólares solo para el sistema eléctrico, una suma superior a todos los ingresos petroleros anuales actuales del país. Una economía no crece sostenidamente sin infraestructura funcional.
Inversión extranjera insuficiente: Venezuela necesita inversión externa significativa para un crecimiento real y sostenido. Pero esa inversión no llegará en cantidad suficiente mientras exista incertidumbre jurídica, ambiente de negocios de alto riesgo y ausencia de elecciones libres, transparentes y competitivas. Después del 3 de enero, hubo cambio de presidente pero el mismo régimen.
Lo que realmente significa para quien considera regresar
Según observaciones del terreno, tras el 3 de enero de 2025 hubo euforia inicial: personas en el exterior buscaban propiedades, apartamentos y exploraban negocios. Esto disparó inmediatamente los precios de inmuebles. Pero a medida que pasaban las semanas y se calmaba la euforia inicial, la gente comprendió que era una percepción de cambio más que un cambio real.
Para el venezolano considerando retornar, la pregunta no es simplemente «¿mejora la economía?» La pregunta real es: ¿para qué perfil profesional y en qué sector hay oportunidades reales hoy para mí?
Hay nichos con movimiento genuino: tecnología, comercio, servicios de salud privada, gastronomía e industria agroalimentaria. Pero son nichos, no el mercado general. Si tiene ahorros, una habilidad específica y red de contactos, el cálculo es diferente al de quien regresa a empezar desde cero.
Qué observar en los próximos meses
Para tomar decisiones informadas, estas son las métricas a monitorear:
- Evolución del precio del petróleo y cuánto ingreso llega efectivamente a la economía real,
- Negociaciones sobre sanciones entre el gobierno y Estados Unidos,
- Cifras de inflación mensual: si la inflación anualizada vuelve a superar 700%, todos los indicios de mejora se evaporan,
- Cronograma electoral: sin elecciones libres y competitivas, no habrá inversión extranjera masiva,
Esperanza basada en realidad
Hay una tendencia humana perfectamente comprensible de querer que Venezuela esté mejorando. Los que están en Venezuela necesitan esa esperanza para seguir adelante. Los que están afuera necesitan esa misma esperanza para no perder el lazo con el país.
Pero una esperanza construida sobre información real es una esperanza útil. Es una esperanza que ayuda a tomar mejores decisiones: decisiones sobre regreso, sobre inversión, sobre remesas, sobre futuro.
Entonces, ¿está mejorando Venezuela? Sí, hay estabilización en algunos sectores. La inflación podría tender a bajar. Hay más actividad comercial visible.
¿Es una recuperación real, estructural y sostenible? No todavía. Estamos ante una «estabilización con base baja»: menos caída, no crecimiento real.
¿Es hora de regresar? Depende de quién eres, cuánto dinero y conocimiento traes, en qu+e sector puedes insertarte y contribuir y qué riesgo estás dispuesto a asumir. No hay una respuesta única.
Lo que sí es cierto es que la respuesta debe estar basada en datos, no en deseos. Eso es lo que le debemos a 9 millones de venezolanos que tomarán decisiones en los próximos meses y que podría cambiar sus vidas.





















