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Última actualización: 17 Octubre, 2017 4:50 PM

El estadounidense que se despertó sueco
Publicado el: 9 Agosto, 2013 Hora:3:13 PM
Michael Thomas Boatwright decía llamarse Johan Elk, no entendía una palabra de inglés y hablaba únicamente en sueco

El pasado 28 de febrero Michael Boatwright despertó en una habitación de hospital de California sin saber quién era ni dónde estaba. Varias enfermeras trataron de hablar con él y averiguar qué le había sucedido, pero el paciente no parecía entender lo que le decían. Se levantó, se miró en un espejo, y lo que vio le dejó horrorizado. Frente a él tenía a un señor de pelo canoso al que no conocía de nada.

Unas horas antes, un empleado le había encontrado inconsciente en la habitación de un motel de Palm Springs. Entre sus pertenencias había una bolsa de deportes con varias raquetas de tenis, dos teléfonos móviles, algunas fotografías y una licencia de conducir del estado de Florida con un nombre junto a su foto: Michael Thomas Boatwright. Pero el hombre de la sala de urgencias decía llamarse Johan Elk, no entendía una palabra de inglés y hablaba únicamente en sueco. “Ese tal Michael no era yo”, aseguró cuando llegó el traductor. “Yo soy Johan”.

Durante las últimas semanas, medios estadounidenses y suecos han intentado reconstruir la vida de Boatwright y han averiguado que se trata de un ex marine de 61 años que combatió en Vietnam y al que su familia le había perdido la pista en los últimos diez años. Como han corroborado medios locales, Boatwright vivió en Suecia en la década de los 80 y ha hecho visitas regulares hasta 2003, lo que explicaría su conocimiento de esta lengua. Pero, ¿por qué había olvidado su lengua materna y era incapaz de expresarse en ella o entenderla?

Los psiquiatras que le han examinado creen que se trata de un episodio de amnesia global transitoria y le han diagnosticado un trastorno conocido como “fuga disociativa”, un estado de amnesia que puede durar varios meses y en los que el paciente no reconoce su personalidad, lo que le lleva a hacer largos viajes y abandonar su identidad previa. Su caso es bastante particular porque la amnesia global transitoria suele durar unas horas y, aunque sea el argumento de muchas películas, es muy poco frecuente que el paciente olvide su vida anterior por completo. Lo más habitual es que el paciente olvide los acontecimientos más recientes, pero pocas veces se olvida de su nombre.

En cuanto a la reaparición de un lenguaje olvidado y extraño, no es el único caso del que se tiene constancia, aunque no se conoce una causa común del fenómeno. En 2012, por ejemplo, el británico Alun Morgan, de 81 años, se despertó después de sufrir un ictus hablando en perfecto galés, un idioma que había aprendido superficialmente 70 años antes. En 2010, una chica croata de 13 años se despertó de un coma hablando únicamente en alemán, un idioma que apenas había comenzado a aprender. Julio, un paciente madrileño de 33 años, tuvo un accidente de bicicleta en octubre de 2010 que le provocó daños en la región del habla y en el lóbulo frontal. “Cuando empezó a hablar otra vez”, nos cuenta su madre, Eloísa, “confundía los idiomas y alternaba alemán con español. Lo primero que decía era Sí y No, o ‘Ja’ y ‘Nein”, indistintamente”. Aún hoy se siguen produciendo estos cruces de idiomas.

El motivo por el que se producen estas alteraciones tiene que ver casi siempre con el área del cerebro que alberga nuestra capacidad para el lenguaje. Esta capacidad se encuentra principalmente en el hemisferio izquierdo y cuando se dañan estas zonas, el área de Broca y el área de Wernicke, se produce lo que se conoce como afasia, una incapacidad temporal para expresar los pensamientos con palabras o comprender su significado. Pero no siempre tiene que ver con estas áreas. A veces, un derrame cerebral o una lesión provocan el conocido como “síndrome del acento extranjero” y la persona se despierta de una operación hablando su idioma materno pero con un acento exótico, sin que se conozca bien la causa.

En cuanto al caso de Boatwright, una primera explicación para la pérdida de una lengua y la reaparición de otra es que los idiomas se gestionen en distintas áreas del cerebro y que una haya quedado dañada y la otra no. En pacientes con epilepsia, por ejemplo, se ha comprobado que durante los ataques algunos pierden la capacidad de hablar un idioma y no otro. De la misma forma, se conocen casos de personas que son disléxicas solo en un lenguaje. Lo que se sabe sobre el bilingüismo hasta ahora es que los niños que aprenden dos idiomas desde los primeros meses y sin esfuerzo utilizan una sola región para generar el lenguaje complejo, mientras que los que aprenden un segundo idioma de adultos tienen dos regiones – generalmente adyacentes – para cada uno. Y que los bilingües hacen un mayor uso del hemisferio derecho, lo que podría apuntar a otra posible explicación.

“Cada caso tiene sus circunstancias y requiere un estudio de las causas”, asegura Álvaro Bilbao, médico del Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral (CEADAC). “En muchos casos puede haber una disociación que no permita acceder al lenguaje o que lo desactive temporalmente”, matiza, “y a veces no se encuentra la causa”. Por su centro pasó Jesús, otro paciente que se recupera de un daño cerebral severo e intercala frases en alemán en su discurso, pero no es consciente de estar utilizando este idioma. En su caso, el lóbulo frontal tiene pequeños focos de daño que provocan que su cerebro salte de un lenguaje a otro de forma automática y sin tener conciencia de ello. Su caso, y el del paciente que se despertó hablando sueco, siguen siendo un pequeño enigma para la ciencia, pero gracias a ellos vamos conociendo mejor cómo funciona nuestro cerebro y nuestra capacidad de entender y hablar.

Antonio Martínez Ron/Neurolab

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