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Última actualización: 17 Octubre, 2017 4:50 PM

Se buscan mediadores para Venezuela
Publicado el: 6 Agosto, 2017 Hora:12:09 PM
El presidente Nicolás Maduro con el presidente cubano, Raúl Castro.

La Santa Sede llamó a propiciar una solución negociada del impasse chavismo-antichavismo sobre la base de la mediación vaticana de 2016. ¿Puede Cuba terminar asumiendo el rol de facilitador del diálogo en Venezuela?

La exhortación que el Vaticano le hizo este viernes (4.8.2017) al “hombre fuerte” de Caracas, Nicolás Maduro, cayó en oídos sordos: horas después de que la Santa Sede lo instara a suspender la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente tachada de ilegal dentro y fuera de Venezuela, la excanciller Delcy Rodríguez asumió la presidencia de esa instancia y procedió a juramentar a sus 545 miembros. Éstos fueron elegidos el 30 de julio en un proceso reñido con la Carta Magna y ensombrecido por denuncias de fraude hechas por la agencia de noticias Reuters y por Smartmatic, la empresa a cargo de procesar los votos electrónicamente.

Poco antes de la medianoche del domingo (30.8.2017), cuando hizo público el único informe oficial presentado hasta ahora, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, aseguró que 8.089.320 personas habían votado. Pero según documentos internos del CNE analizados por Reuters, apenas 3.720.465 millones habían ido a las urnas a las 17:30. Aunque la jornada de sufragio fue extendida hasta las 19:00, expertos como Jenniffer McCoy, quien ha dirigido misiones de inspección electoral para el Centro Carter, señalan que duplicar votos en la última hora y media disponible sería algo sin precedentes.

“La Santa Sede les pide a todos los actores políticos, y en particular al Gobierno, que se garantice el pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como también de la vigente Constitución; que se eviten o se suspendan las iniciativas en curso, como la nueva Constituyente, que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento e hipotecan el futuro”, reza un segmento del comunicado emitido en Roma este 4 de agosto. Allí también se llamó a propiciar una solución negociada del impasse chavismo-antichavismo sobre la base de la mediación vaticana del año pasado.

“Cuba podría cambiar de opinión…”

Pero, ¿qué quedó de ese diálogo, que empezó en octubre de 2016 y murió antes de Nochevieja con reproches mutuos de palabras incumplidas? ¿Y quién, de entre los que pueden, quiere estrenarse o reincidir como árbitro? Günther Maihold, subdirector de la Fundación Ciencia y Política (SWP), de Berlín, desestima que China o Rusia puedan asumir esa responsabilidad, alegando que el hecho de ser potencias con grandes intereses en Venezuela no las califica automáticamente para ello. En cambio, Maihold está convencido de que ninguna mediación puede ser exitosa sin involucrar, aunque sea tangencialmente, a Estados Unidos y a la Antilla Mayor.

En este momento, la Casa Blanca prefiere mostrar “mano dura” y observadores del acontecer cubano como Bert Hoffmann, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), dan por improbable que La Habana intervenga en el conflicto interno venezolano. Pero Maihold cree que Raúl Castro podría cambiar de opinión: “Una mediación en Venezuela sería atractiva para él si las fisuras en el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) o la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se hacen más pronunciadas, y si Diosdado Cabello –primer vicepresidente del PSUV– empieza a serrucharle la silla a Maduro sistemáticamente”.

El especialista del SWP añade que Castro también se atrevería a jugar “un rol activo e internacionalmente visible” en la crisis político-institucional de Venezuela si las hostilidades contra los funcionarios cubanos en ese país se acentúan. Héctor Briceño, del Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES), adscrito a la Universidad Central de Venezuela, coincide con Maihold parcialmente: “Yo doy por sentado que Maduro consulta sus decisiones con Castro todo el tiempo y que Cuba está presente en Venezuela aun cuando no está presente. La Habana puede facilitar un diálogo en Venezuela si cuenta con un contrapeso en la mesa de negociaciones”.

El Vaticano, tras el fracaso de 2016

El profesor e investigador del CENDES acota, eso sí, que si el contrapeso de Cuba fuera Estados Unidos, el diálogo podría verse entorpecido… ¿Y qué hay del Vaticano como entidad moderadora, tras el fracaso de las negociaciones que pretendió facilitar durante el último trimestre de 2016? A juicio de Briceño, aunque los católicos venezolanos de a pie podrían depositar su confianza de nuevo en la Santa Sede –ellos representan el 95 por ciento de la población–, sería una sorpresa que Maduro y sus adversarios lo hicieran. Quién habría pensado que la crisis venezolana sería un desafío más grande para el Vaticano que el proceso de paz colombiano…

“Con frecuencia, los representantes de la Iglesia católica en América Latina se ocupan de mediar en conflictos sociales y políticos porque cuentan con la confianza de las partes en discordia y con el respaldo del Vaticano. Pero, al contrario de lo que ocurrió en las negociaciones entre el Gobierno colombiano y los guerrilleros de las FARC, esa confianza, fundamental para la resolución de pugnas, no está dada en Venezuela. Tengo la impresión de que Maduro y su entorno se distancian y asumen una postura de rechazo de cara a la Iglesia católica”, opina Gerhard Kruip, profesor de Antropología Cristiana y Ética Social en la Universidad de Maguncia.

“A su vez, puede que eso se deba a que la Iglesia católica en Venezuela asumió una actitud crítica frente a la ‘Revolución Bolivariana’ desde que Hugo Chávez comenzó a impulsarla en 1999. En Colombia y otros países latinoamericanos siempre hubo más obispos simpatizando con proyectos políticos de corte socialista que en Venezuela”, agrega Kruip. Aunque la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) coauspiciaba el ejercicio de acercamiento entre el régimen de Maduro y la oposición en 2016, cabe preguntarse si no fue la Santa Sede la que más perdió en aquellas negociaciones.

Aprender de los errores

Pietro Parolín, secretario de Estado del Vaticano y Nuncio Apostólico de Caracas entre 2009 y 2013, fue blanco de las invectivas de Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV. Y el propio Jorge Mario Bergoglio fue desmentido ásperamente por el líder opositor venezolano Henrique Capriles Radonski. A Briceño no le extraña que esas fricciones hayan ocurrido. A sus ojos, ni los pronunciamientos del papa Francisco ni los de sus emisarios fueron bien calibrados, a pesar de que conocían el terreno en el que se adentraban. “No hay un jefe de Estado mejor informado en materia de política local o global que el Papa”, recuerda Kruip.

Briceño explica el desfase de esta manera: “Por un lado, la Santa Sede sobreestimó su capacidad de persuasión de cara al régimen de Maduro. Por otra parte, en el discurso del Papa lo que se reflejaba era una preocupación desmedida por la presunta inminencia de una guerra civil en Venezuela, aun cuando la posibilidad de una guerra civil en el país era y sigue siendo remota, sencillamente porque el Gobierno está armado y la oposición no lo está. En 2016, la meta del Vaticano era evitar una guerra civil en Venezuela y nada más”. Más problemático aún parece ser la cacofonía de los reportes que llegan a oídos de Bergoglio desde Caracas.

“Los diagnósticos que se hacen de la crisis política venezolana varían de una congregación a otra. La perspectiva de la Conferencia Episcopal Venezolana, la institución que agrupa a los obispos de Venezuela, está alineada con la de la oposición antichavista, mientras que el sacerdote católico Arturo Sosa, quien fue nombrado Prepósito General de la Compañía de Jesús de Venezuela el 14 de octubre de 2016, apunta a que el problema es la oposición misma, que no sabe lo que quiere y carece de proyectos claros. Yo creo que, en sus declaraciones, el Papa ha procurado equilibrar las lecturas que le llegan desde Venezuela”, dice Briceño.

Este 4 de agosto, el Vaticano invitó a retomar el diálogo en Venezuela, sin sugerir siquiera su intención de moderarlo. Está por verse en manos de quién queda ese reto. “En este instante no se me ocurre un solo actor internacional que tenga suficiente autoridad a los ojos de los chavistas y los antichavistas”, admite Briceño.

Evan Romero-Castillo / www.dw.com

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